Crónica ambiente de Marcelle Capy, por Marta Martínez Carro, editora de ContraEscritura

Estamos en el mes de febrero de 1916. El señor Humblot dirige la editorial Ollendorff. Bajo el sello de la editorial se lee Pace in Labor. Vamos a imaginar que Humblot se encuentra en las oficinas de la librería Paul Ollendorff, en el 50 de Chaussé-d'Antin en París. Una conversación telefónica con el censor general se alarga considerando que ha quedado claro que la prohibición se mantiene. El libro Una voz de mujer en la contienda de Marcelle Capy no puede publicarse. Humblot piensa en todo el dinero que ya ha invertido en un libro inminente. La periodista francesa está acostumbrada a la calumnia pero en el argumento del censor hay algo que le impide aceptar sumisamente la decisión:

"-Si el libro lo hubiera escrito un hombre, concedería la autorización, pues tomaría aspecto político y ya se sabe que en la política todo es relativo, y hace falta abrir algunas válvulas de escape para mantener el conjunto en una buena atmósfera. […] Pero nos alejamos de la política. Este libro lo ha escrito una mujer. Ese es el peligro. Si dejamos hablar a las mujeres, ¿Dónde iremos nosotros? Si dejamos hablar al corazón, ¿Dónde irá la moral de las tropas? Por eso mantengo la prohibición."

Capy mueve todos los cielos y tierras que tiene a su alcance y logra una victoria parcial. Esa reunión de artículos, que ya se habían difundido en prensa, tendrá forma de libro. Lo hará, eso sí, con grandes espacios en blanco en que se leerá Cortado por la censura. Esos espacios también son idioma aunque es probable que Humblot y Capy no lo entiendan así cuando ven reposar, al fin y en abril, el título en el escaparate.

Acaba la Gran guerra. Nadie sabe cómo se hace la paz con doce millones de muertos sobre la mesa pero disimulan. De aquella ignorancia, aquellos lodos. Los fascismos se alzan. Hitler reina en Alemania, en España los generales declaran la guerra a la democracia. Estamos en 1936. Marcelle Capy ya no tiene veinticinco años sino cuarenta y cinco. Ha ganado el premio Severine con su novela Pasaron unos hombres, que se ha traducido a muchos idiomas -en España lo hizo Margarita Nelken-, ha fundado el periódico pacifista y feminista La vague. Y tiene, dos décadas después, la posibilidad de exponer de nuevo Una voz de mujer en la contienda. Esta vez sin censura. Y lo hace. Lo hace porque los hombres parecen no haber aprendido nada. Regresan los "Bufones de la literatura", los "predicadores de la retaguardia", los "guerreros ilustres del tintero", "rocinantes de la pluma" y Capy siente el deber de confrontar a los bondadosos con los grotescos, de recordar que las madres se vieron forzadas a separarse de sus hijos en estaciones de tren, de señalar que las mujeres -en ese momento nuevamente relegadas a sus labores- se han visto obligadas a cargar con el arado, pasar hambre y soportar larguísimas jornadas laborales cargando toneladas de armamento, de poner el foco sobre los niños nacidos de relaciones entre enemigos.

La castañera, la carbonera, las madres, las voluntarias, las farsantes, las enaltecedoras del odio, todas ellas transitan de 1916 a 1936 y, finalmente y por primera vez en español, hasta 2017. La realidad sigue necesitando el recordatorio.

Marta Martínez Carro

Editora de ContraEscritura 

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Viernes, 23 Abril 2021